Una oda a la empatía

Lunes 05 Noviembre
Autor: 
Redacción

Vecinos de la Plaza Tetlán olvidan sus diferencias y se unen a la invitación que realizó la compañía M8 Danza para ser parte del espectáculo “Híbrido Mostaza”

La retícula montada en la Plaza Tetlán, el pasado 3 de noviembre, llamó la atención desde el momento en que fue instalada. El viento helado parecía no mermar el ánimo de los cuatro performers que ya calentaban, y mucho menos el del público que ya esperaba el inicio de la puesta en escena “Híbrido Mostaza”, a cargo de la compañía M8 Danza, fundada por Nicole Saucedo.

 

A las 18:30 horas, justo cuando empezaba a caer la noche, comenzó la danza de cuerpos en el escenario a ras de piso, las miradas de los presentes ahí se concentraban. Las preguntas entre el público eran muchas, hasta entonces parecían no tener claro lo que allí sucedía. Luego de que se repartiera un instructivo, en el que estaba claro que podían romper las reglas, la interacción se hizo presente.

 

 

El sonido que emitían, tanto el elenco como el público, al inflar y desinflar lo globos que venían con el instructivo, se convertía en una especie de melodía. Miradas y sonrisas se cruzaban y todos parecían divertirse mientras los artistas, que cubrían sus rostros con sus largas cabelleras, se movían al ritmo de la música de fondo que incluía algunas voces. El asombro era evidente y unos aplausos tímidos ya se podían escuchar.

 

Luego, una madeja gigante, cargada por un bailarín, fue desenredándose y no hubo quien rechazara sostener una parte. Nadie cuestionaba, todos sumaban, querían ser parte del espectáculo que desde el primer momento consideró al público parte de la puesta. Después una tela cubrió a los bailarines. Solo podía asomarse uno de ellos, cual si fuera un ente sin forma pero con vida. Aquello se había convertido en un verdadero festín, donde hubo cantos y muchas risas.  

 

Ya en el acto final, de manera casi imperceptible, una red se había formado con la soga de gran longitud. La empatía entre los presentes estaba dada. Tal vez algunos no se conocían, y eso no impedía que cooperaran, que se divirtieran. La red los sostenía, los unía, los entretenía. Nadie estaba en sus asientos, el público y los artistas eran uno en el escenario. El adiós era inevitable y los agradecimientos también. No solo hubo aplausos, hubo quien se acercó y felicitó al elenco. Aquello les había encantado.

 

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