Sonidos de un pasado muy presente

Viernes 26 Octubre
Autor: 
Redacción

A lo lejos se escuchó el sonido de un tambor. Luego el de una flauta. En breve todo un ensamble de sonidos ancestrales envolvió al parque El Cuadro, de la colonia Oblatos. Sin ver lo que ocurría uno podría imaginar que se llevaba a cabo una especie de ritual indígena, así que muchos vecinos fueron a ver lo que ocurría. Las armonías las generaba el grupo Huehuecuicatl que la tarde del jueves, 25 de octubre, ofrecía un concierto titulado “Al son del tocotín”, como parte del Festival Sucede.

Montados sobre el piso de cemento y rodeados de árboles, el grupo ataviado de ropa color arena desplegaba cuarenta instrumentos prehispánicos de tal manera que podían apreciarse claramente a escasos metros. Timbales de varios tamaños, maderas talladas, huesos trabajados como artesanías, caracoles, caramillos de barro y caparazones de tortuga llamaban la atención de niños y adultos.

 

 

“Somos un grupo dedicado desde hace casi tres décadas a la investigación de la música de los antiguos mexicanos. Nuestro propósito es que estos instrumentos no se queden solo como piezas de museos, sino como entes vivos ¿Qué piensan ustedes? ¿Quieren que estos sonidos se queden en el pasado?” preguntó Ernesto Cano, miembro fundador y líder de la agrupación. Un sonoro “No” por parte del público se escuchó como respuesta.

 

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Durante una hora, Ernesto y cuatro músicos más ofrecieron un concierto didáctico, envuelto en leyendas y crónicas de culturas mesoamericanas como la maya, la olmeca y la azteca. Una pieza, por ejemplo, hizo alusión a “Los corredores del fuego nuevo” un ritual que practicaban los mexicas durante el México posclásico (800-1521 d.C) y que representaba la búsqueda del equilibrio y orden del universo. La creación del Sol era representado a través de esta ceremonia.

Otra interpretación fue pretexto para conocer la “Leyenda del diluvio del cuarto sol”, de origen náhuatl, que cuenta el intento de los dioses por hacer que el Sol alumbrara y calentara lo suficiente. La música estuvo presente en cada uno de estos pasajes y su relación con los sonidos de la naturaleza era incuestionable. Huehuecuicatl hizo sonar uno a uno sus instrumentos para que los presentes pudieran identificar al Huehuetl, al Teponaztli, al Chicahuaztli y al Ayacachtli, por mencionar algunos.

Los vecinos quedaron maravillados al ver cómo esos objetos rústicos y extraños producían una composición que no parecía del todo tan antigua. Había un sentimiento perenne en cada canción. El concierto finalizó con un conjunto de sones mayas y aplausos al por mayor.

 

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