Ponen límites

Domingo 04 Noviembre
Autor: 
Redacción

La puesta en escena “Game over” hace un llamado para prevenir adicciones, en el Parque Hundido Santa María

Era noche de brujas, y hubo quienes atendieron la invitación del Festival Sucede con todo y disfraz, un malvado payaso, una pequeña calabaza y un terrorífico enmascarado fueron algunos, que antes de emprender la búsqueda de dulces, acompañados de sus padres, tomaron sus lugares para disfrutar de la obra “Game over”, que forma parte del proyecto CTRL+Z, a cargo del grupo de teatro Zona de Acción, liderado por Edith Castillo.

El Parque Hundido Santa María fungió como escenario para que  Ana y Eduardo, un par de primos que cursan la secundaria cuenten su historia. Todo parece ir bien, Edu, como lo llama su mamá, después de la escuela se dedica a su pasatiempo favorito, los videojuegos. Ana, por su parte, ha comenzado a fumar, y al hacerlo confiesa que la relaja y le quita el estrés. A Edu parece no interesarle, él solo quiere ganar en la pantalla que lo enajena de sus deberes. Sin embargo su prima insiste y fuma en la habitación, donde minutos después la mamá de Eduardo sospecha que algo anda mal.

 

 

Las consecuencias no se hacen esperar, y el par de adolescentes recurre a las mentiras para tapar sus faltas, las llegadas tarde a la escuela y el fallido proyecto final que ninguno presenta. Para entonces se escucha entre el público a una pequeña que responde al llamado interactivo de la historia y asegura que “la fotosíntesis se da en las plantas, por el tallo les cae el agua, les da el sol y luego van creciendo”, mientras que un niño les grita “mentirosos” a los alumnos del montaje.

Todo parece indicar que pronto serán descubiertos. Un cartel, que muestran los personajes al público, afirma que es entre los 10 y los 14 años cuando inicia el consumo de sustancias, justo en la adolescencia. Ya acorralados, Ana y Edu no tienen más que confesar que han elegido el camino de las adicciones por su baja autoestima, buscan ayuda y deciden hacer un plan de recuperación. “Ahora cada vez me siento mejor”, afirma el adolescente, “ya tengo más amigos y casi novia”. El camino, afirman los actores, al final de la obra, es generar espacios de confianza y comunicación en la familia para evitar las adicciones, pero sobre todo poner límites. Luego de la reflexión, algunos retomaron el camino para la recolecta de golosinas, era noche de brujas.

 

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