Experiencia sabor chocolate

Miércoles 11 Octubre
Autor: 
Redacción

En Letras con chocolate aprendimos la importancia que ha tenido el cacao desde hace siglos en Latinoamérica

Faltaban 10 minutos para que dieran las seis de la tarde y el parque “El Cuatro” estaba lleno de gente. Esa tarde en el arbolado sitio de la colonia Beatriz Hernández, muy cerca del corazón de Oblatos, pasaba algo inusual: decenas de niños se encontraban sentados hojeando libros ilustrados. Algunos papás leían en voz alta y otros más escuchaban a sus hijos. Había quienes venían desde Analco. Estaban ahí para formar parte del taller “Letras con chocolate”.

No pasó mucho tiempo cuando una chica tomó la palabra y captó nuestra atención. “Hola a todos, soy Susana Herrera, gestora cultural y su guía en esta actividad del Festival Sucede. Hoy estamos aquí para conocer la historia de un dulce que, según las estadísticas, le encanta a 9 de cada 10 personas en el mundo… ¡a ver! ¿A quién no le gusta el chocolate?”... No, nadie levantó la mano. Todos los ahí reunidos: altos, bajitos, lacios, rizados, morenos, güeritos, pecosos.. todos lo amaban.

Con ayuda del poeta Ernesto Lumbreras, Susana comenzó a narrar la historia del cacao, la importancia que ha tenido desde hace siglos en Latinoamérica y como ejemplo puso la literatura. Narró un par de leyendas zapotecas y retó a los presentes a repetir trabalenguas con mucha “ché”. Luego nos describió el árbol del cacao y nos repartió algunas semillas crudas. La pequeña Camila no pudo evitarlo y se la llevó a la boca, después de morderla hizo una mueca de espanto. “¡Sabe amargo!”, expresó en voz alta. Susana explicó entonces el proceso que requiere para tomar su forma comercial y ese dulce sabor que todos conocemos. “Se tiene que tostar, luego se mezcla, se prensa, se templa…”

La siguiente parte del taller fue la locura. Cada niño recibió una masa firme de cocholate cuyo aroma descolocó a chicos y grandes. Hubo más de uno que quiso comérsela pero se contuvo. Ernesto comenzó a tocar un pequeño tambor, quizás como lo hacían los antiguos indígenas nativos de Mesoamérica, e invitó a todos a golpear la masa con fuerza. Aquello parecía un ritual que arrancaba risas y las percusiones animaban el deseo de querer ver finalizada nuestra tablilla artesanal ¡Por fin! Estaba lista. Algunos lograron darle una forma redonda perfecta y otros parecía que habían hecho sopes. ¡Qué importaba! nos las íbamos a comer.

 

 

Experiencia sabor chocolate

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