Directorio de Sedes

Un rato para siempre

Un rato para siempre
Referencia de Revista
No. 5

Jueves, 27 Octubre 2016

 

Cientos de tapatíos armaron junto con el artista francés Olivier Grossetête una réplica efímera de las torres de Catedral en Plaza de la Liberación. Este fue un ejemplo de colaboración y trabajo en equipo a través del arte

No fue un sismo como en el siglo XIX, sino la fiesta de una multitud lo que derribó las dos torres. La Catedral Metropolitana está intacta, pero las réplicas de torres de 26 metros erigidas en la Plaza Liberación y construidas únicamente con cartón y cinta canela, terminaron por ceder ante la lluvia.

Su fin estaba planeado desde un principio. Desde que su autor intelectual, el artista francés Olivier Grossetête, invitó a los tapatíos a participar en equipo, desde el corte y armado de cajas hasta la construcción de esta pieza monumental en el corazón de Guadalajara.

Un domingo antes quedaba en el lugar el recuerdo de la Fura dels Baus, un espectáculo tan alto como las torres que fueron creciendo hora tras hora del domingo 16 de octubre. Desde temprano se sumaron cientos de personas que demostraron su fuerza, su organización y su solidaridad para mantener cada torre erguida y cada vez más alta.

Al inicio no quedaba muy clara la tarea porque, como cuando se empieza un rompecabezas, las piezas estaban desperdigadas por todo el lugar. “Ya están instalando lo de Navidad”, adivinó una señora. “No, mira, son como las torres de atrás”, le corrigió otra. Poco a poco y con muchas manos, mucha coordinación y 240 rollos de cinta canela, fueron dándole forma a las dos mil cajas que días antes habían sido moldeadas por más manos voluntarias.

El plan era tan simple como los materiales: todos estaban invitados a participar en este colosal juego de la infancia. La maravilla para que funcionara dependía de la solidaridad de quienes iban pasando, el tesón de quienes se comprometieron a ayudar durante la jornada completa, y los ánimos y porras de quienes estaban alrededor de las torres.

¿Fue complicado? Olivier Grossetête respondió que “sí fue difícil, pero el público quiso participar, y mientras más gente se sumaba, más energía teníamos todos. Me gustó mucho venir a Guadalajara, volvería aquí si me lo pidieran. Estoy muy feliz”.

Manos chiquitas, manos arrugadas, manos ásperas, manos suaves; no hubo restricción para unirse a la construcción de este monumento efímero que se destruiría hasta el martes por la tarde, y no el lunes como sucedió. Una obra de arte que viviría menos días que una mosca, pero con un recuerdo imperecedero en la memoria de cada persona de Guadalajara que pueda atesorarlo.

 

Ultimas noticias

Los Camaradas ya miran al futuro
Jueves, 1 Diciembre 2016

El festival cultural celebrado en el Parque Agua Azul fue calificado por sus...

Mirar y ser mirado
Jueves, 1 Diciembre 2016

Como testigos de lo casi imposible, los  asistentes al Larva aplaudieron...

Se ríen con la huesuda
Jueves, 1 Diciembre 2016

“Un Doctor Improvisado”, a cargo de la compañía Teatro al  Hombro, aborda...

...Y así sucedió
Jueves, 1 Diciembre 2016

En los barrios el ambiente era quieto, con antelación se supo que habría un...