Directorio de Sedes

Mirar y ser mirado

Mirar y ser mirado
Referencia de Revista
No. 10

Jueves, 1 Diciembre 2016

Como testigos de lo casi imposible, los  asistentes al Larva aplaudieron algunas de  las acrobacias de Travelling, mientras que  en otras se mantuvieron en vilo. Vivieron  toda una experiencia escénica

Se trató de un espectáculo de acrobacia, lenguaje audiovisual, música y tensión.

La Arena, compañía profesional formada por artistas que son a la vez acróbatas, actores y bailarines, presentó por única ocasión su show Travelling. En el foro del Laboratorio de Artes y Variedades (Larva) las historias pudieron prescindir de las palabras para ser narradas con la fuerza del cuerpo humano aferrado a la emoción sonora de cada una de las piezas que sumaron poco más de una hora.

Algunos asistentes intuyeron desde antes de que se apagaran las luces de foro, que el espectáculo no sería unidimensional, los arneses y largas cuerdas colgando de lo alto de la tramoya delataban que poco iba a suceder únicamente en el suelo.

Al grito de “¡Play!” a través de un megáfono, cuatro hombres y dos mujeres aparecieron. Pudieron haber sido cualquiera de nosotros, su atuendo no era el de un espectáculo de circo comercial, no hubo brillos, no hubo acentos intensos de color ni maquillaje exagerado.

Travelling se trata de “mirar y ser mirado. Filmar y ser filmado. Registrar y ser registrado. Grabar y ser grabado”, prometía la producción del bonaerense Gerardo Hochman. Todos -artistas y audiencia- vieron sus rostros proyectados en tiempo real, y no como un espejo, sino como una transmisión simultánea de los rincones de cada parte del espectáculo, hasta la pupila de un artista, a modo de extreme close-up cinematográfico.

En esta ocasión el aire también fue escenario. Paula Basso, vestida de verde, subió y bajó las telas blancas con la facilidad con la que se sube una escalera. La cosa es que es varios metros sobre el suelo y sólo pendía de la tensión, como si el spotlight tuviera poder para sostenerla a ella y a Lucas Bustos, su pareja de danza aérea.

Para el acto siguiente de rueda cyr, a Martín Samanna se le escapó su aro de metal. Las miradas estaban en pantalla, el aro fugitivo recorrió las banquetas, se escondió, atravesó un estacionamiento, pasó por un parque y se fue lejos. El aro volvió a su dueño, ninguno de los dos se detuvo y el vaivén de su danza conjunta alcanzó todas las dimensiones del plano.

De nuevo volvió la cámara de video. Del público, al que estaba apuntando la lente, salió una mujer de pantalón rojo y camiseta negra. Era Florencia Montaldo y la danza llevaba notas de un tango que cobró vida para terminar dejándose caer al vacío con las luces apagadas.

Tras una corta espera y un video de instrucciones, a los artistas se les obsequió un gigantesco kit de acrobacia, un mástil con un instructivo para armar. La música se fue poniendo tensa, igual que los cuatro arneses que iban a sostener la vara de metros de altura. El siguiente paso era la prueba de la muerte. La pausa del público no era ninguna instrucción del megáfono. Sostuvieron su aliento en lo que parecía una caída involuntaria, pero el acróbata ya lo había calculado. Mofarse de la gravedad a centímetros del suelo es parte del entrenamiento.

Continuó Travelling con una danza de dos y una caja. Ella dentro y él afuera observándola, después fue al revés, hasta que los dos cupieron en un mismo estuche.

Como testigos de lo casi imposible, los asistentes aplaudieron unas acrobacias y se mantuvieron en vilo en otras. El cuerpo de un acróbata puede lograr mucho sin vencer a la gravedad, tomarla para trabajar con ella es suficiente. “Sin que deje de existir el viejo entretenimiento de circo”, como ha dicho Hochman, no se necesita mucho más que la destreza del artista y que imaginación alcance para reunir en un mismo show la técnica con la capacidad narrativa.

Un video de cinco minutos en cuenta regresiva en la pantalla anunciaba que se acercaba el fin de la experiencia multisensorial que habían regalado los argentinos Paula Basso, Lucas Bustos, Martín Samanna, Pablo Prámparo, Florencia Montaldo y Matías Yaber. Este fue el espectáculo que idearon en 2009 como trabajo de fin de cursos de La Arena, cuando fueron alumnos de esta compañía.

Se acomodaron ellos, se acomodaron las cajas y el video no dejaba de transmitirse. A manera de juego entre movimientos, desplazamientos, contorsiones y ritmo entre Play, Pausa y Rebobinar, el viaje de una noche de noviembre, una función única del Festival Sucede, conmovió a Guadalajara para despedirse con una gran energía y al final presionar Stop.

 

Desde que inició en 1992, La Arena ha creado espectáculos a la vez altamente visuales y poéticos, aprovechando el espacio y las capacidades extraordinarias de sus artistas. El nombre del show, Travelling, surgió para explicar la cualidad trashumante de la familia del circo, estar en constante movimiento.

 

Ultimas noticias

Los Camaradas ya miran al futuro
Jueves, 1 Diciembre 2016

El festival cultural celebrado en el Parque Agua Azul fue calificado por sus...

El cosmos sobre el Cabañas
Jueves, 1 Diciembre 2016

Un viaje sensorial, guiado por un Marakame, conjunta varias disciplinas en...

Se ríen con la huesuda
Jueves, 1 Diciembre 2016

“Un Doctor Improvisado”, a cargo de la compañía Teatro al  Hombro, aborda...

...Y así sucedió
Jueves, 1 Diciembre 2016

En los barrios el ambiente era quieto, con antelación se supo que habría un...