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Armar sueños en equipo

Armar sueños en equipo
Referencia de Revista
No. 2

Jueves, 6 Octubre 2016

 

En 1998, Olivier Grossetête vio en el espacio público un lienzo para construir una comunidad, aunque fuera efímera.

El entonces estudiante de bellas artes en Francia estaba cansado de los espacios protegidos, del arte de museo, cuidado por vallas y resguardado por vitrinas. “Tenía la impresión que podíamos hacer, no importaba qué; en esos espacios, metiendo un discurso, no importaba qué cosa. Si es una galería, decíamos 'esto es el arte' y 'metemos un discurso'. Me sentía muy mal con ese discurso del arte”, se decía a sí mismo al notar que la valía artística sólo se enfrascaba, así que buscó salirse de los espacios convencionales y confrontarse con el lenguaje de la calle.

La premisa para sus instalaciones colectivas en el espacio público es muy clara: “Dentro de la calle no podemos mentir: o funciona o no funciona. No podemos pegar un discurso si no hay algo ahí más profundo detrás”. Y fue así como se confrontó a la arquitectura para enmarcar con cartón lugares significativos de diferentes ciudades y pueblos del mundo.

Continuó trabajando en espacios públicos y no encontró mejor material que el cartón para su propósito artístico. “El cartón que toma el símbolo de la locura, el cartón que encontramos por todos lados, pero también un poco representa la parte del cartón plano, que es una imagen del exterior, sólo una imagen. Entonces vengo a intervenir… a confrontar… a atacar un poco la imagen del poder mismo, que es una imagen exterior”.

Olivier encontró en el cartón de embalaje la grandiosa oportunidad de acercar a la gente al proceso de creación y destrucción del arte efímero. “Es práctico, no le da miedo a la gente, permite abrirse a un gran número de personas, le permite ser participativo”, a diferencia de materiales de construcción como las piedras o las arcillas, que exigen un conocimiento superior para trabajarse.

 

“A mí lo que me interesa en el cartón es claramente la superficie, en la que no hay ningún fondo, no hay apariencia, es un paquete”

 

La construcción de todos

Cada nuevo proyecto de su arquitectura monumental de cartón es una nueva construcción creada para un espacio en particular, que simbolice algo para las personas que se reunirán y edificar desde cero a base de cartón, cinta y colectividad.

El francés lo explica así: “Trato de reutilizar planos de proyectos que son específicos en cada lugar; que sí tengan una relación con la ciudad, con la historia. Puede ser sobre un tema de un edificio que existe, que ha existido o que va existir, trato que exista una relación directa con la ciudad para que la gente se la pueda apropiar más fácilmente. Si podemos decir -y diré una gran estupidez- si hago el Arco de Triunfo en México, no tendría mucho significado, en cambio si hago un edificio que se inspira en la Catedral que está en Guadalajara, la gente sí puede más fácilmente reconocerla, se la apropia”.

El juego, como él lo define, consiste también en replantearse conceptos del entorno arquitectónico local. “Los cortes cuadrados son fáciles, pero después hacer los redondos, los techos, tenemos que cortar el cartón, por eso estamos obligados a hacer los planos, como todos los arquitectos… para poder calcular lo que sostiene, asuntos de peso, de apoyo o contra apoyos”

Cuando llega el momento de empezar a dar vida a la construcción, Olivier Grossetête prefiere colaboradores, no sólo espectadores, que tomen esta oportunidad como un reto para organizarse y crear nuevas formas, aunque no necesariamente tengan una trayectoria artística.

Durante el taller previo a erigir la construcción el trabajo requerirá más precisión, así que la invitación está abierta para todos los curiosos con ánimos de aprender y trabajar de manera minuciosa, para crear nuevas formas. El plan es ofrecer un taller del 11 al 15 de octubre, en la Escuela de Artes de la Universidad de Guadalajara, y quienes quieran formar parte de las preparaciones pueden participar, siempre y cuando se inscriban previamente.

Esos días se destinarán a los elementos más complejos de lo que se va armar, los techos, los lados. Más adelante, esas piezas se ensamblarán a lo largo de un día con las manos del público que quiera participar en Plaza de la Liberación con ayuda de las personas que pasan o viven por ahí. Serán invitados a participar, a pegar, a subir y a construir.

 

Olivier echará mano de mucha gente que quiera recrear un juego que seguramente vivió durante su infancia porque “la idea es construir alguna cosa en común, que la gente se dé cuenta de las cosas que podemos hacer en equipo, que contamos los unos con los otros”.

El taller previo tendrá diferentes turnos y está abierto a todo mundo, pero si llega alguien con educación en bellas artes, el equipo puede aprovechar su expertise en la etapa más difícil. En el caso de la edad de los constructores, no hay límite; pero en el número de asistentes sí, se pretende que sean grupos compactos para que las instrucciones sean efectivas y los cortes salgan conforme al plan de Olivier.

Cuando llegue el momento de montar la instalación -que el artista dice que casi sucede solo- los colaboradores se irán acercando y sumando a quienes estuvieron en el taller.

 La construcción empieza a tomar forma una vez que se comienzan a apilar las cajas hasta cinco o seis metros de altura y su curiosidad es la que va invitando a más personas a integrarse a esta instalación colectiva.

 “Les damos la cinta, el cartón y, a partir de ahí hay una clave pequeña, un lado mágico del proceso: es que para montar la construcción no tenemos grúa ni herramientas mecánicas, lo hacemos todo a mano para elevar el proyecto”, el motor para esta instalación es el trabajo humano en conjunto. Como él lo dice, las personas se reúnen en una oportunidad de realizar juntos una arquitectura utópica, un sueño de infancia, una actuación colectiva.

 

“Juntos, compartiendo, somos más fuertes, vamos más lejos, y podemos levantar una construcción monumental que mide entre 15 y 25 metros de alto y pesa más de una tonelada”

 

Un símbolo tapatío

Sobre su trabajo en el festival, Olivier Grossetête no guarda secretos, pero dice que los planos están en proceso y que tiene proyectos por todos lados. “Lo que me está inspirando es la Catedral, que está atrás de la plaza con dos torres punteadas y el centro redondo. Me estoy inspirando en esa línea, y para tener también la perspectiva, vamos a construirla en cartón en la plaza y atrás vamos a ver en grande la original”.

 

Con experiencia en más de 150 construcciones de este tipo, el artista visual asegura que siempre ha funcionado. En 2015 participó con la gente de San Luis Potosí, y reconoce que se gestó un ambiente de confianza con el público mexicano.

“Desde su programación sabemos muy bien cómo se va a sostener o, si hay viento, sabemos muy bien qué se va a destruir y no se realiza para durar, no es perenne. Rápidamente piensas en el final desde el principio”.

La invitación tiene dos tiempos: “construimos en conjunto, invitamos a una reunión a la población, y en el momento que se ha hecho, invitamos a toda la población para tumbar la construcción juntos”, y será ahí cuando la gente le haga fiesta a lo que creó.

Le van a saltar encima a su monumento, lo harán pedazos, lo destruirán hasta devolverlo al suelo y formará parte de un nuevo un proceso de reciclaje.

El artista aprovecha la analogía del castillo de arena, algo que toma mucho tiempo y paciencia para levantarse.

“Una vez que está hecho, estamos contentos unos cinco minutos, media hora, dos días. Lo interesante de hacer este proyecto artístico y aplicar todo el expertise y la energía que tenemos es que, cuando está hecho, pasamos a otro proyecto. Es como un mandala, lo importante es el acto de creación y el acto de destrucción. Es un proceso en conjunto; creamos juntos y destruimos juntos”.

 

 

  • Los talleres de preparación serán en la Escuela de Artes de la UdeG del 11 al 15 de octubre y se recibirá a quienes se hayan inscrito previamente.
  • La instalación permanecerá en Plaza Liberación del domingo 16 al martes 18 de octubre, día en el que se hará la destrucción colectiva.

 

 

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